Leyenda enviada por e-mail:
Lo que voy a contar a continuación es verdad, puesto que lo oí de las propias palabras de una buena amiga mía, y yo sé que ella nunca me mentiría.
Mi amiga, que se llama Nerea, me contó esta historia una noche, y desde entonces me entran escalofrios nada más de pensar en ella. Nerea me explicó que ella tenía una amiga que se llamaba Paloma y que iba a un colegio de monjas, y fue ella quien le contó esta historia. Hace 5 o 6 años se celebró el 100 aniversario de la inauguración del colegio, y para aquella celebración decidieron que las niñas tendrían que empezar a ensayar canciones y bailes para la fecha del centenario. Entre aquellas niñas, había una chica muy tímida llamada Lidia.
Lidia tendría que tocar la guitarra para la fiesta, pero necesitaba ensayar más, así que una monja se ofreció para ayudarla. Quedaron a las 5 de la tarde en la clase de música. Aquella tarde Lidia se sentía muy fatigada para llevar l! a guitarra a cuestas hasta la sala de música, así que decidió tomar un pequeño atajo pasando por el sotano, el cual era un gran pasillo que conectaba ambas partes del colegio. Lidia bajó y de repente... paró en secó. Vio algo. Era una estatua de la monja que inauguró el colegio. La vio mover. Se asustó y siguió su camino, pero algo la retuvo y dirigió su mirada hacia la estatua. De pronto vio tres gotas de sangre fresca en el suelo. Dio un paso y vio otras tres gotas de sangre. Otro paso más y otras tes gotas de sangre. Así hasta llegar a la estatua. Se acercó a ella y la vio aguitándose. Cada vez más y más. Y la estatua le sustrajo el alma y se llevó a Lidia al infierno.
Como Lidia no venía, la monja que estaba esperándola en la sala de músia decidió ir a buscarla. Bajo al sotano y... dio un paso y vio tres gotas de sangre. De repente oyó gritar a alguien. Corrió hacia donde provenía la voz: hacia la estatua. Con una expresión de horror la monja vio la cara de la estatua. Allí estaba Lidia, gritando en su interior. La monja se acercó tanto que la estatua le substrajo el alma y también fue al infierno. Nunca nadie más volvió a ver ni a Lidia ni a la monja.
Ahora el sótano está cerrado, y el colegio lo piensan cerrar pronto tmabién. Pero hubo una época que, después de las dos muertes, el sótano seguía abierto y las alumnas decían que al pasar podían ver tres gotas de sangres resecas en el suelo a cada paso y que la estatua se movía de una manera agitada, oyéndose en el interior leves gritos de socorro.
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